¿Estoy triunfando? ¡Qué miedo!

¿Estoy triunfando? ¡Qué miedo!
Anna Sofía Martín

Leamos este pequeño cuento:

«Jonás era un hombre bueno que había sido escogido para una misión en Nínive. Nínive era una ciudad donde habían personas muy malas y Jonás debía ir allí para que los habitantes de esa ciudad cambiaran su forma de ser. Pero Jonás, a pesar de ser un hombre bueno, decidió huir en un barco hacia otro lugar en dirección opuesta porque le daba miedo ir a Nínive.

Sin embargo, el barco donde iba pasó por una gran tormenta. El barco se mecía muy fuertemente de un lado para otro, hasta que Jonás se dio cuenta de que había hecho mal en huir y que la tormenta era consecuencia de ello. Entonces Jonás saltó al mar e inmediatamente se calmaron las aguas.

Pero ocurrió algo inesperado. Jonás fue tragado por una ballena y, muy asustado, empezó a reflexionar sobre lo que había sucedido y se dio cuenta de que escapar del propio destino no es una opción.

Tras tres largos días dentro de la ballena y, tras haberse dado cuenta de su gran responsabilidad y de su capacidad para afrontarla, Jonás por fin fue arrojado por el pez en una isla y cumplió con su cometido de ir a Nínive.»

¿Qué reflexión podemos extraer?

Es muy común, aunque no lo creamos, que en algún momento de nuestra vida o de nuestro proyecto profesional nos topemos con un miedo: el miedo al éxito, el miedo a la grandeza, el miedo a que las cosas triunfen o a que vayan bien.

En realidad, este miedo tiene lugar porque no somos conscientes de nuestra propia capacidad para desarrollar todo nuestro potencial.

«¿Y si la gente piensa que soy soberbio por creerme que soy capaz? ¿Y si estoy siendo demasiado optimista y, en realidad, mi idea no es tan buena? ¿Y si realmente soy demasiado joven para llevar a cabo este proyecto? ¿Y si considero que estoy más preparado de lo que estoy? ¿Y si no se entiende?»

Nos suenan y nos resuenan todas estas dudas, ¿verdad? Efectivamente, es normal que nos planteemos un millón de cuestiones antes de lanzarnos al mar pero éstas no deben definir ni cuestionar nuestras capacidades, nuestras habilidades o nuestros talentos. Si dejamos que así sea, en lugar de aceptar nuestro destino y disfrutar de nuestra grandeza, nos orientaremos a la mediocridad y al fracaso haciéndonos creer a nosotros mismos que somos incapaces.

Aún así, ¡no desesperes! Es normal que esto nos haya ocurrido en algún momento porque el ser humano teme, por naturaleza, a los extremos. Maslow, un psicólogo muy conocido, aseguró que, igual que tememos a lo peor de nosotros mismos, también nos da miedo lo mejor de nosotros mismos, nuestro alto rendimiento. Él dice que, por supuesto, disfrutamos y hasta nos sorprendemos con nosotros mismos cuando logramos algo, alcanzamos un objetivo o tenemos un éxito, lo que hace que nos sintamos poderosos, talentosos e invencibles. Sin embargo, esas sensaciones suelen venir acompañadas, en seguida, de debilidad o miedo a que «no dure para siempre», «no vaya a volver a pasar» o «haya sido suerte o casualidad».

¿Y qué podemos hacer para deshacernos de ese miedo?

SER GENEROSOS.

¡Sí! Ser generosos con nosotros mismos y con el mundo entregando siempre la mejor versión posible, funcionando al más alto rendimiento utilizando todas nuestras habilidades y capacidades.

En realidad, todos podemos ser mejores de lo que somos, todos podemos funcionar mejor de lo que funcionamos y todos podemos alcanzar un nivel óptimo de realización y rendimiento. Únicamente debemos reconciliarnos con nuestros talentos, aprender a admirarlos y estar orgullosos de sus resultados.

¿Quieres conseguirlo?

 

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