¡Ya está aquí!

No te da tiempo a lograr aquello que te propusiste hace meses cuando todavía veías el verano demasiado lejos, has pasado de llevar gruesos abrigos de invierno a unas camisetas que apenas cubren el torso de tu cuerpo y no te has dado ni cuenta de ello.

Grises nubes se han convertido en grandes claros donde brilla el sol al que tanto echabas de menos. El mismo que ahora marchita a todo aquel que no se ponga a cubierto en una largo día veraniego, ¿cómo ha sido tan rápido este cambio ? ¿Qué ha pasado? Pensaba que me daría tiempo…

¡Error!

Año tras año tropiezas con la misma piedra.

Te propusiste perder 5 o 6 kilos y esculpir tu cuerpo durante los duros meses de invierno en el gimnasio, querías llegar a las vacaciones en mejor forma que nunca pero la realidad te vuelve a golpear un año más.

No has hecho los deberes y te presentas al examen final sabiendo que no vas a aprobar. Entonces recuerdas aquel anuncio de la tele que te prometía bajar 8 kilos sin realizar ningún esfuerzo. Con eso y la rutina de 3 semanas de la revista que leíste el otro día mientras esperabas tu turno en la peluquería ¡tienes el éxito garantizado!

Otra cantinela más que suena en tu cabeza… y esta tampoco es nueva. Pero vuelves a pensar que no es tan malo, que «la dieta de la alcachofa o del espárrago» no está tan mal y la rutina para “machacas” de tres semanas este año sí que va a funcionar.

«Le toca hacerlo, me lo debe… al fin y al cabo 15 días a base de caldo y poco más y algo de cardio son un gran sacrificio y merecen recompensa. Sí, este año sí…».

¡Pum! El plan B tampoco te ha funcionado y ya van… tropecientos años que repites lo mismo.

«Este será el último año, al que viene seguro que lo consigo, lo haré bien desde el principio, acabo las vacaciones y me pongo a tope».

Blablabla…

Por desgracia, esto es lo que le pasa a la inmensa mayoría de las personas que creen que los resultados en esta vida dependen de tu actitud durante unos cuantos días. Y si no ven resultado, la frustración entierra cualquier deseo de cambio y de futuro esfuerzo. ¿Por qué debería de cambiarte la vida en 15 días si los otros 350 restantes no has hecho nada para ello?

Si quieres hacer las cosas bien: no desesperes. Tómate tu tiempo, sé consecuente con tus actos y genera hábitos que te conduzcan a tus objetivos. Las cosas rápido y corriendo no suelen llevar a buen puerto.

Como bien decía Plutarco:

“Lo que hagas sin esfuerzo y con presteza, durar no puede ni tener belleza»

 

¡No pares!

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