Quien algo quiere, algo le cuesta

Quien algo quiere, algo le cuesta
Quan Zhou

Resulta que tienes una idea genial, unas ganas tremendas de ejecutarla, piensas que te vas a forrar… sólo que ahora te viene muy mal porque:

  1. Te acabas de echar novio/a
  2. Empiezan las vacaciones de semana santa/verano/spring break o simplemente es fin de semana y toca salir
  3. Amaneció, un gato negro pasó delante de tu puerta o (inserte algo aleatorio que te impida llevar a cabo tu proyecto)

 

Con lo cual, ¿qué haces?

Nada.

Eso es lo que haces, absolutamente nada.

Guardas tu idea en el cajón de cosas importantes, a la espera de que algún día lo quieras llevar a cabo. Como la dieta, tus propósitos de año nuevo, ser mejor persona o ir a un comedor a ayudar a los pobres. Sí, sí… todas esas cosas.

 

¿Y eso está mal?

Bueno, como todo en esta vida, no es necesariamente algo malo pero tampoco bueno. Os pongo un ejemplo: una vez fui a una cata de vinos, la enóloga nos explicó que el buen vino tiene que madurar, pero durante un tiempo limitado, porque hasta el mejor de los vinos, si no es consumido a tiempo, se avinagra. O sea, no guardes esa botella del 2004, esperando que dentro de 20 años valga más, porque lo que vas a tener es un vinagre caro. Lo mismo pasa con tu idea/proyecto.

Y ahora que ya has sacado tu gran idea del cajón… hay una gran cosilla a tener en cuenta.

Ya lo dice el refranero español “quien algo quiere, algo le cuesta”. Y eso es así.

Tu proyecto requerirá de sacrificio (y no, no de esos de poner un altar y matar un cabrito, eso sería muy fácil). Te pedirá tiempo, te pedirá dinero, te pedirá esas vacaciones que no te has cogido en 3 años. Te pedirá todo.

 

Y yo te pregunto: ¿hay que dárselo?

En mi experiencia personal, al hacer la novela gráfica Gazpacho Agridulce, sacrifiqué viajes, salidas, compras, quedadas con amigos e incluso visitas familiares.

Fue un año bastante intenso, que me dejó exhausta y feliz, pero me costó mucho tomar la decisión de volver a hacer un segundo libro.

 

Así que, como conclusión:

  1. Dejemos reposar nuestra idea, que tome oxígeno, pero eso sí… sin pasarnos.
  2. Seamos conscientes de que habrá que echarle horas, amor y cariño al proyecto.
  3. Y por último, pero más importante: encontrar el equilibro, entre tu vida y tu proyecto (esto va por los adictos al trabajo)

 

Soy de las que piensan que en esta vida hay cosas que no son negociables, así que en tu camino al éxito no te olvides de ese cumpleaños tan importante, esa visita familiar o de ti mismo, mímate, que eres el máximo valor de tu idea.

Sin pasarte, claro. Si ya lo decían los budistas: todo en esta vida es encontrar el equilibro.

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All about the balance.

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