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Pasos sencillos para tomar decisiones

No es ningún secreto que ser adultos es más complicado de lo que nos habíamos imaginado mientras crecíamos. Los niños asumen que los adultos tienen las respuestas y que, conforme crezcan, las tendrán ellos también automáticamente.

Estamos educados para no escucharnos y para no conocernos desde que empezamos el colegio: no podemos comer cuando tenemos hambre, no podemos movernos cuando estamos inquietos y no podemos descansar cuando estamos cansados. Cuando empezamos a seguir normas aprendemos, implícitamente, que los profesores o tutores saben mejor que nosotros lo que es mejor para nosotros.

Ese aprendizaje es una pequeña semillita de duda que crece cuando nuestros padres o gente cercana corrige nuestras elecciones y que nos complica mucho la toma de decisiones una vez llegamos a la edad adulta. Y ¡no queremos que eso pase! Queremos recuperar la confianza en nosotros mismos y podemos empezar por aquí:

 

Escucha tu cuerpo.

Tu cuerpo te manda señales continuamente sobre lo que es bueno y lo que no lo es. Practica el escucharlo: duerme cuando estés cansado, come algo sano cuando sientas hambre y muévete cuando lo necesites.

Sé consciente de lo que tu cuerpo quiere (aunque no siempre puedas satisfacerlo).

 

Mira dentro.

La meditación o las técnicas de relajación pueden ayudarte a conectar con esa sabiduría interna con la que naciste. ¡Prueba a entrenarla!

 

No decidas por pánico.

Cuando una decisión parece precipitada, el cerebro segrega ciertos químicos que nos hacen pensar que estamos en alerta. Estos químicos «apagan» la capacidad del cerebro para procesar correctamente porque no quieren que perdamos el tiempo, y eso estaba muy bien cuando un oso podía comernos, pero elegir con quién salir, qué estudiar o dónde vivir no puede generarnos el mismo estado de pánico.

Respira profundamente y, si el tiempo te lo permite, da un paseo. Permítele a tu cuerpo volver a un estado más equilibrado.

 

Apóyate.

Cuando aparece la confusión, en vez de decidir no decidir, permítete experimentar la incertidumbre. Repítete tus opciones lentamente unas seis o siete veces y, el tiempo que invieras en repetirlas y en ese desconcierto te permitirá descubrir lo que verdaderamente quieres.

 

Lanza una moneda.

Cara es una opción y cruz la otra. Normalmente, al lanzarla, querremos que salga una de ellas. Este proceso tan rápido (que seguramente hayas escuchado otras veces), te permite acceder a información, difícil de acceder por falta de tiempo, rápidamente.

Esto se llama lógica rápida y te dirige directamente a la respuesta evitándote el procesamiento.

 

Conócete.

Cuanto más cómodo estés en tu propia piel, más fácil es tomar decisiones que se correspondan con quien verdaderamente eres. Ser un estudiante de ti mismo y de cuáles son tus valores puede ayudarte.

Puedes conocer más acerca de tus valores, aquí.

 

Refuérzate.

Recuerda las veces en las que has tomado decisiones exitosas. Las historias que te cuentas a ti mismo acerca de tu habilidad para tomar decisiones correctas puede ayudarte en las siguientes o hacerte dudar de ti mismo.

 

Tómate un respiro musical.

Pasar un momento disfrutando de tus canciones favoritas, te dirige a partes diferentes de tu cerebro. Cuando la canción termine, será como tener una perspectiva totalmente nueva y fresca.

 

Retrasa la decisión.

Tómate unas vacaciones de decidir. Si la decisión puede esperar hasta mañana, dormir le permite a tu cerebro un respiro del duro trabajo de decidir y, además, es increíble cómo tu cerebro continúa trabajando en la integración de la información para ayudar a tus decisiones mientras duermes. Puede ser que descubras que la respuesta es más obvia a la mañana siguiente.

 

La vida está llena de decisiones, no siempre fáciles. Hoy en día, pueden parecer obstáculos que sobrepasar pero en realidad debemos estar agradecidos por nuestro poder y libertad de decisión siempre sabiendo que, independientemente del resultado de la decisión, has hecho la elección correcta para ti en ese momento.

 

«Nuestras vidas se forman gracias a nuestras elecciones. Primero hacemos nuestras elecciones. Luego nuestras decisiones nos hacen a nosotros.» – Anne Frank

 

Photo by Lindsay Henwood on Unsplash

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The Gate History

Curando el corazón

A lo largo de nuestro trabajo diario con los participantes de nuestra metodología, nos hemos dado cuenta de que hay muchas cosas en común entre todos nosotros: ya sea el origen de nuestro malestar, los objetivos que queremos alcanzar, los errores que cometemos o las estrategias que utilizamos.

Hemos comentado muchas veces que gracias a esas similitudes entre todos, pudimos llegar a la conclusión de que existen un conjunto de habilidades básicas que, si funcionan bien, nos permitirían llegar al alto rendimiento (podéis consultarlas aquí); pero también hemos extraído otra conclusión: las relaciones de pareja, ya sea por problemas en ésta, por falta de ella o por mala gestión de la vida romántica, tienen un impacto fundamental sobre nuestro estado mental y emocional.

 

Cicatrices emocionales.

En la mitología egipcia hay una historia que dice que cuando una persona muere, su alma viaja a través de diferentes dimensiones para llevar a cabo una revisión de su vida. En esa realidad atemporal y aespacial, el dios Anubis coloca el corazón del viajero en una balanza frente a la pluma de la verdad. Si el corazón es más ligero que la pluma, el alma queda liberada hacia la eternidad, pero si el corazón pesa más que la pluma porque está lleno de arrepentimientos, resentimientos y remordimientos, entonces el alma es devuelta a la vida para seguir aprendiendo y evolucionando.

Este mito ofrece un poderoso mensaje que debemos destacar: debemos sanar y dejar ir las cicatrices emocionales que nos ahogan, alborotan nuestra paz y nos dificultan estar en el aquí y en el ahora.

 

Curarse el corazón.

Cuando nos aferramos al lamento, a la vergüenza, al enfado o al dolor del pasado, nuestro cuerpo entero sufre. El cuerpo produce cantidades excesivas de hormonas como la adrenalina y el cortisol que, con el tiempo, pueden comprometer nuestro sistema inmunológico y pueden contribuir a enfermedades cardiovasculares .

Literalmente, el dolor de corazón puede producir patología cardiaca. Otra prueba más de que el cuerpo y la mente están conectados al extremo.

Afortunadamente, el cuerpo es increíblemente flexible y cuando dejamos ir la toxicidad emocional, inmediatamente empieza a volver a su homeostasis (que es el estado natural del cuerpo para regularse y curarse a sí mismo).

A nivel emocional, los beneficios de dejar ir esas cargas del corazón no tienen comparación. Haciéndolo, nos liberamos a nosotros mismos de ataduras al pasado y limpiamos las impurezas que constriñen nuestro corazón expandiendo así nuestra capacidad de amar y ser amados.

 

¿Quieres sanar tu corazón? ¿Quieres liberarte de lo que no te permite avanzar? ¿Quieres deshacerte de esos pensamientos que te dan vueltas en la cabeza?

¿Quieres conseguirlo?

 

¿No sabes cómo? Escríbenos y te ayudamos.