Un pequeño paso puede suponer un gran cambio si sabemos como darlo.

La mayoría de las personas que entran a un gimnasio es porque buscan mejorar algo en ellos mismos que no pueden hacer en otro lado. Fácil y simple.

Casi siempre, todos esos objetivos que tratan de alcanzar son puramente estéticos, pocas veces se parte de la base de encontrar un fin saludable, lo que por desgracia conlleva a un estado de crispación entre aquellos que practican algún deporte cuando ven que no alcanzan aquello que creían que iba a costarles algo de dinero, y un poco de dedicación.

Gran error.

Lograr un cuerpo “perfecto” solamente está al alcance de unos poquitos privilegiados. Intervienen muchísimos factores y, aún dedicándole todo el tiempo del mundo, será prácticamente imposible alcanzarlo. ¿Cuál es el problema? ¿Qué estás haciendo mal ? La respuesta es fácil… te lo has tragado. Te has creído que con un poco de gimnasia ibas a ser como aquel o aquella modelo de revista que luce impecable en las portadas de todos los kioscos o como esos actores y actrices que aparecen en las películas con cuerpos que parecen estar esculpidos por el mismísimo Miguel Ángel.

Un ilusionista solo deja que veas aquello que él quiere y oculta todo lo demás.

Podríamos decir que vivimos de acuerdo a una serie de estereotipos definidos por la sociedad, una sociedad que se comporta constantemente como ese gran ilusionista que trata de dejar a su paso un gran show. Puedes seguir buscando la gallina de los huevos de oro, el santo grial o el método que sea capaz de actuar como la panacea universal; sin embargo, la vida no es ni blanca ni negra, suele tener una tonalidad algo más gris.

No puedes dejarte vencer por aquello que no puedes lograr porque quizás esos objetivos siempre fueron irreales. Hoy en día te han hecho creer que todo depende de ti mismo y, en parte, está bien porque te da el coraje para intentarlo, pero también tiene su parte de crueldad ya que esa no es la realidad. Hay cosas que no podemos lograr y ello no debe de condenarnos al fracaso, todo lo contrario. Deberíamos de sentirnos orgullosos por haber dado el máximo de nosotros mismos y haber alcanzado aquello que sí estaba en nuestra mano.

La próxima vez que vayas a un gimnasio, no te desanimes al poco tiempo de empezar si no consigues ese objetivo que tenías en mente cuando viste a alguien al que te querías parecer. Piensa que puedes mejorar algo que es único e irrepetible: te puedes mejorar a ti mismo.

Ve para mejorar no solamente a nivel estético sino también funcional. Despeja tu mente, corrige tu postura, elimina cualquier tipo de molestia que te afecte en tu día a día y, sobre todo, pásatelo bien para que cuando salgas de allí quieras volver al día siguiente.

Si consigues que tu práctica deportiva no te suponga un estrés añadido sino que te ayude a mejorar en tu trabajo, te haga mejor persona, mejor amigo y mejor pareja, ese pequeño paso habrá valido la pena.

¡No pares!

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